No se puede negar que el día de nuestra boda es uno de los días más esperados y felices de nuestras vidas, aunque en muchas ocasiones el amor desaparece y las parejas deciden finalizar su relación después de llevar juntos unos años o incluso meses, pues no hay que olvidar que España es uno de los países con mayor tasa de divorcios. Muchas veces tomar esta decisión cuesta mucho, no solo por todo lo que conlleva sino por lo tedioso que puede llegar a convertirse el procedimiento y las consecuencias del mismo, como peleas con el otro cónyuge o situaciones muy incomodas para los hijos.

En el post de hoy os comentamos las formas de divorcio que la legislación española contempla. Para ello, en primer lugar debemos señalar que el divorcio es la disolución del vínculo matrimonial, lo cual permite que los cónyuges puedan volver a contraer matrimonio por vía civil con otra persona. Además, esta disolución elimina todos derechos y obligaciones que adquirieron los cónyuges en el momento de casarse entre ellos, exceptuando los referentes a los hijos.

Se puede instar el divorcio una vez transcurridos 3 meses desde la celebración del matrimonio, aunque existe la posibilidad de no tener que esperar dicho plazo en algunos casos tasados, como por ejemplo que corra peligro la vida de alguno de los dos cónyuges.

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En cuanto a las clases de divorcio, la legislación española establece dos:

 

Divorcio contencioso

Son muchas las ocasiones en las  que solamente uno de los cónyuges es el que quiere acabar con la relación y por lo tanto divorciarse. Para solucionar este problema se realiza este tipo de divorcio recogido en el artículo 770 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Civil, por el cual uno de los cónyuges solicita sin consentimiento del otro cónyuge el divorcio ante el Juzgado.

Junto a la demanda de divorcio se tiene que acompañar un convenio regulador, en el cual deberán hacer constar diferentes puntos, como mínimo:

  • Si hay hijos menores derivados del matrimonio
  • Quien adquiere la patria potestad
  • La custodia
  • El régimen de visitas
  • La pensión de alimentos
  • Quien adquiere el uso de la vivienda
  • Si se realiza o no la liquidación del régimen económico matrimonial.

Ponerse de acuerdo en los puntos de este convenio resulta en muchos casos imposible, por lo que en este tipo de divorcio cada parte suele establecer su convenio regulador propio y será el Juez quien establezca el más conveniente en cada caso.  Este punto es una gran ventaja ya que el Juez es el que va a tomar la decisión más acertada en cuanto a los menores.

Por el contrario este divorcio también conlleva alguna que otra desventaja, pues el procedimiento suele ser más largo y por lo tanto también se necesitan llevar a cabo más trámites, recabar más pruebas y, sobre todo, conlleva mucho más gasto que el divorcio de mutuo acuerdo, sin olvidar las numerosas confrontaciones entre los cónyuges y las duras situaciones por las que tienen que pasar los hijos de los mismos.

 

Divorcio exprés o de mutuo acuerdo

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Últimamente, este tipo de divorcio se encuentra en auge y es que cada vez más parejas no ven necesario tener que estar a la gresca para poder disolver su matrimonio.

El divorcio de mutuo acuerdo es un divorcio amistoso en el que ambos cónyuges se ponen de acuerdo en divorciarse y en los puntos del convenio regulador, lo que conlleva que no haya juicio sino simplemente una homologación por parte del Juez del acuerdo de divorcio.

Este tipo de divorcio tiene multitud de ventajas que el divorcio contencioso no tiene, entre ellas:

  • En el mutuo acuerdo los trámites a realizar son menores y se realizan de una manera más rápida, por lo que podemos tener nuestra sentencia de divorcio en menos tiempo.

 

  • El coste del divorcio es menor, pues la Ley establece que en este caso ambos cónyuges pueden estar representados y asesorados por un mismo abogado y procurador, lo que sin duda provoca una disminución en el coste de defensa.

 

  • Al ser de mutuo acuerdo, son los cónyuges los que llegan a un acuerdo sobre todo a lo referente a los niños, por lo que es más fácil que se cumpla lo establecido. Además, al no haber juicio, los hijos no tienen que declarar, por lo que se ven en la tesitura de elegir entre sus padres.

 

Por todo ello, se puede decir con total seguridad que este tipo de divorcio es el más favorable para los cónyuges, no solo por ser más rápido y barato, sino porque la repercusión emocional en ellos mismos y en los hijos se ve casi desaparecida.

 

 

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