Cuando nuestras mascotas están enfermas o tienen algún problema de salud, las llevamos inmediatamente al veterinario para sanarlas, pero puede ocurrir que en alguna ocasión esto no pase y que por una mala praxis o un error en el diagnostico nuestro animal fallezca o tenga daños irreversibles.

Estas situaciones pueden suceder y cuando es así, el dueño del animal se encuentra indefenso y sin saber qué puede hacer.  Pues bien, en el post que os traemos hoy os comentamos los derechos que se tienen cuando ocurre este tipo de sucesos.

¿Qué obligaciones tiene nuestro veterinario?

En primer lugar, para saber qué derechos tenemos los dueños de estos animales,  debemos conocer qué obligaciones tienen los veterinarios  para con éstos.

Pues bien, los veterinarios tienen una obligación de medios, es decir, que estos  están obligados no solo a curar inexcusablemente al paciente (los animales), sino a proporcionales todos aquellos cuidados que les sean necesarios, así lo establece su “Lex artis ad hoc”.

A esta obligación, hay que añadirle que los veterinarios también tienen que ofrecer toda la información necesaria sobre el paciente, la enfermedad y los procedimientos de cura, para que los dueños de éstos puedan tomar una decisión acorde. Si esta obligación no se cumpliera generaría responsabilidad al veterinario.

¿Qué derechos tiene el dueño?

Cuando nosotros llevamos a nuestra mascota al veterinario, la relación que nos une con él es la de un arrendamiento de servicios, en la que el profesional está obligado a prestarnos un servicio para curar al animal, pero sin garantizar el resultado.

De esta obligación deriva la responsabilidad profesional, que está recogida en nuestro Código Civil en el artículo 1101, que conlleva a indemnizar por daños y perjuicios a quienes se han visto perjudicados o dañados por una acción u omisión, siempre y cuando haya habido dolo, negligencia o morosidad.

Si nuestro animal ha sufrido un daño o por desgracia ha fallecido, para que pueda generar esa responsabilidad civil y poder ser indemnizados por daños y perjuicios, tendrá que tratarse de una acción u omisión del veterinario, culpable o negligente, que ocasione un daño al animal y que exista una relación de causalidad entre el daño y la acción u omisión que lo ocasionó.

Por lo que, para que se pueda pedir una indemnización por daños y perjuicios, tiene que tratarse de un supuesto en el que el daño producido se encuentre relacionado con una acción u omisión dolosa o negligente del veterinario.

En estos casos, el reclamante de la indemnización es el encargado de probar la relación del daño con la actuación del veterinario, por lo que deberá probar concretamente lo siguiente:

  • La producción de un daño y cuantificarlo
  • La acción u omisión negligente o dolosa del veterinario
  • La existencia de un nexo causal entre ese daño y esa acción u omisión del veterinario.

A pesar de todo lo expuesto, no todo daño que se deriva de la actividad de un veterinario es objeto de indemnización por daños o perjuicios, ya que hay casos en los que los daños provienen de otras patologías no imputables a estos profesionales. Tampoco sería indemnizable si por ejemplo es el dueño el que tras tener en su poder toda la información necesaria, no le sigue el tratamiento indicado a su mascota.

Negligencias veterinarias más habituales

Como ya hemos determinado no todo puede considerarse negligencia veterinaria, y lo que si que lo es, es fundamental que se pueda demostrar adecuadamente. A continuación os citamos cuales suelen ser las negligencias veterinarias más comunes.

  • Error en el diagnóstico
  • Error en la técnica quirúrgica empleada
  • Error en el tratamiento
  • Falta de consentimiento informado o información sobre salud o tratamiento del animal.
  • Fallo en esterilización

¿Cómo y qué puedo reclamar?

Si por desgracia tu mascota ha sido victima de una mala praxis o una negligencia veterinaria, lo primero que tienes  que hacer es ponerte en contacto con un abogado especializado en derecho animal para que te asesore correctamente en el modo de proceder, ya que estos procedimientos son un tanto complicados.

En cuanto a las formas de reclamar, tenemos que indicar que existen tres vías:

  • En primer lugar, tenemos la vía extrajudicial. En esta vía se intenta llegar a un acuerdo económico con el veterinario para no acudir a la vía judicial
  • En segundo lugar, tenemos la vía judicial, en la que se pide una indemnización por daños y perjuicios, la cual se suele determinar teniendo en cuenta el valor patrimonial del animal, los gastos veterinarios (aunque no todos) y el daño moral.
  • En tercer lugar,, que no excluye las anteriores vías, es interponer una queja formal en el Colegio Oficial de Veterinarios que corresponda, para que éstos tomen las medidas que vean oportunas contra el veterinario autor de la negligencia.